miércoles, 12 de junio de 2013
martes, 11 de junio de 2013
La vida del trabajador
El trabajador pobre, cuyo mundo y forma de vida
tradicionales destruyó la Revolución Industrial, no estaba conforme con la
situación.
El trabajo en una sociedad industrial es, en muchos
aspectos, completamente distinto del de una sociedad preindustrial. En primer
lugar está desempeñado, sobre todo, por el trabajo de los obreros, cuyo
principal ingreso es su salario. Por otra parte, al trabajo preindustrial lo
hacen, fundamentalmente, familias con sus propias tierras de trabajo. [...] En
segundo lugar, el trabajo industrial –mecanizado, de las fábricas– impone una
rutina y monotonía completamente diferentes de los ritmos del trabajo preindustrial
que dependen de las estaciones o del tiempo. Estas dos formas de trabajo
coexistieron durante mucho tiempo e, incluso, en la actualidad hay lugares en
donde persiste el trabajo preindustrial.
En tercer lugar, el trabajo en la era industrial se
realizaba cada vez más en los alrededores de las grandes ciudades. ¡Qué
ciudades! El humo flotaba continuamente, la mugre se impregnaba, y los
servicios de agua, los servicios sanitarios y los de limpieza de las calles no
eran suficientes. Así, se produjeron, sobre todo después de 1830, epidemias de
cólera, fiebres tifoideas y enfermedades respiratorias e intestinales.
Texto adaptado de Eric Hobsbawm, Industria e
Imperio, Barcelona, Ariel, 1977.
domingo, 9 de junio de 2013
El Taylorismo: Qué pensaba Frederick Taylor
El norteamericano Frederick W. Taylor (1856-1915) propuso un
conjunto de criterios
organizativos para aumentar la
productividad, es decir, disminuir el desperdicio de tiempo y esfuerzo en el
trabajo fabril y obtener la mayor producción posible durante la jornada de
trabajo.
Taylor explica su sistema a través de una experiencia.
“Se adoptó un sistema más perfeccionado de remuneración diaria
[...] que consistía en pagar en función de la cantidad y la calidad de lo que
se producía. Al cabo de un tiempo relativamente corto el supervisor estimuló la
producción de todas las trabajadoras aumentando el sueldo de las que producían
más y mejor y reduciéndolo a las que se mostraban inferiores a las otras.
Finalmente, despidieron a las obreras cuya lentitud y falta de atención era
incorregibles.
También se hizo un estudio detallado con un cronómetro del
tiempo necesario para hacer cada operación. Se escogió la forma más sencilla de
ejecutarlas para eliminar todos los movimientos lentos o inútiles y reunir en
una secuencia los más rápidos y los que permitían una mejor utilización de los
instrumentos y de los materiales. Este estudio demostró que las trabajadoras
perdían charlando una parte considerable del tiempo.
Se les impidió hablar durante las horas de trabajo colocándolas
a una distancia considerable. Las horas de trabajo fueron reducidas de diez y
media a nueve y media y luego a ocho y media [...].
Se introdujo también el trabajo a destajo y cada hora se
informaba a las trabajadoras si su ritmo era normal o si iban atrasadas. Los
resultados finales de este sistema fueron los siguientes:
a. 35 obreras hacían el
trabajo que antes realizaban 120.
b. Las obreras ganaban 35,5
francos por semana en lugar de los 17,5 anteriores.
c. Se trabajaban ocho horas
y media en lugar de diez y media.
d.
La precisión en el trabajo había aumentado un
tercio.”
martes, 4 de junio de 2013
La sueñera
Para poder dormirme,
cuento ovejitas. Las ocho primeras saltan ordenadamente por encima del cerco.
Las dos siguientes se atropellan, dándose topetazos. La número once salta más
alto de lo debido y baja planeando. A continuación saltan cinco vacas, dos de
ellas voladoras. Las sigue un ciervo y después otro. Detrás de los ciervos
viene corriendo un lobo. Por un momento la cuenta vuelve a regularizarse: un
ciervo, un lobo, un ciervo, un lobo. Una desgracia: el lobo número treinta y
dos me descubre por el olfato. Inicio rápidamente la cuenta regresiva. Cuando
llegue a uno, ¿logrará despertarme la última oveja?
Ana María Shua
Las enemigas naturales de la luna
(Del libro Historias de los señores Moc y Poc.)
- Perdón, Poc. ¿Le puedo hacer una pregunta?
- Sí.
- ¿A cuánto queda la Luna?
- ¿De ahí donde usted está parado o de dónde estoy yo?
- A ver, déjeme pensar…
- …
- …de donde estoy yo.
- ¿Usted quiere saber en horas o en libras esterlinas?
- Bueno, yo había pensado en kilos, pero me da lo mismo.
- Yo calculo que a unos quince litros.
- ¿Litros por segundo o por minuto?
- Por kilo, ¿por qué?
- Estaba tratando de calcular el tamaño en relación con el Sol.
- ¿Por qué le preocupa eso?
- Es que, en caso de que la Luna se caiga, quisiera estar seguro de que lo haría en dirección al Sol y no en dirección a mi casa.
- Podríamos pensar que es la Tierra la que se va a caer encima de la Luna.
- Perdón, no entiendo el vuelco de su razonamiento.
- Es que, siendo la Tierra más grande que la Luna, la que saldrá lastimada será ella y no la Tierra.
- Sí, pero… ¿qué pasa si soy yo el que se cae encima de la Luna? Siendo tanto más pequeño ¿no seré yo el más lastimado?
- En ese caso sí ¿ha notado alguna tendencia a caerse hacia arriba?
- Bueno, no es exactamente eso, pero la semana pasada me cansaba al subir tres pisos por escalera… y, ayer, subí seis pisos como si nada.
- Caramba…
- E iba con una bolsa cargada de naranjas, quizás unos 3 kilos.
- ¿No serán las naranjas las causantes de su ingravidez o, mejor dicho, las que lo vuelven más atractivo para la Luna?
- No lo había pensado… déjeme ir por un par y hacemos un experimento (entra a su casa).
- …
- (Regresa con dos naranjas) …veamos, Usted debe controlar, primero saltaré sin ninguna naranja ¿quiere tenerlas, por favor?
- Prefiero no hacerlo hasta no estar seguro de que ellas no son las causantes.
- Lo comprendo. Las dejaré en el suelo… (deja las naranjas).
- …
- (da un salto) ¿Cómo estuvo?
- Normal, yo diría que un salto común y corriente.
- De acuerdo, ahora veamos con una naranja (la toma)
- …
- (da otro salto) ¿Y ahora?
- Bueno, no quiero asustarlo, pero casi le podría asegurar que fue un poco más alto.
- Qué terrible. Y yo, cargando naranjas como nada. Sigamos con la que falta (la toma).
- …
- (da otro salto).
- ¡No puedo creerlo! Fue evidentemente más alto. Se confirma mi hipótesis.
- (apoya una mano en el hombro del señor Poc) Estimado amigo… le debo la vida, jamás hubiera sospechado que por las naranjas estaba siendo atraído por la Luna.
- (apoya una mano en el hombro del señor Poc) Estimado amigo… le debo la vida, jamás hubiera sospechado que por las naranjas estaba siendo atraído por la Luna.
- ¿Usted cree que a la Luna le gusten las naranjas?
- Quizás no sea que le gusten, pero tenga poder sobre ellas.
- Tal vez las naranjas son a nosotros, lo que los anzuelos a los peces.
- ¡Qué horror! Si no hubiera sido por su oportuna intervención quién sabe, quizás en un par de meses, o días, ya estaría yo flotando, elevándome irremediablemente.
- No quiero alarmarlo pero… ¿ha comido mucha naranja últimamente?
- Tiene razón, sí: como postre, en jugo, en ensaladas de frutas, en mermelada, pato a la naranja, lomo de cerdo a la naranja… creo que estoy en peligro. Ya no queda nada por hacer…
- No desespere, debemos pensar algo. Tiene que haber alguna solución…
- ¿Ponerme pesas en los pies? No, sería peor, por un lado me atraería la Luna y por otro me sostendrían las pesas. Moriría descuartizado.
- No, estaba pensando en otra cosa… Debemos contrarrestar el efecto de las naranjas. Las naranjas, el color naranja en sí, Usted sabe, está formado por…?
- La combinación de rojo y amarillo.
- Que son colores cálidos ¿cual es el color frío opuesto a esos?
- El azul.
- ¡Perfecto! ¡debe comer cosas azules!
- Nuevamente me sorprende, es brillante. Veamos, debo comer cosas azules, pero no cualquier cosa, sino frutas azules. Eso es, frutas azules… ¡Las uvas!
- Exacto. Las uvas son las enemigas naturales de la Luna.
- Por favor, acompáñeme al mercado a comprar naranj… perdón, quise decir uvas, fue un lapsus.
- No. Aún está en su poder y lo estará por un tiempo. Las naranjas lo tentarán de manera irresistible y sentirá que las uvas son feas o malintencionadas, sucias. Debe cuidarse.
- Tiene razón, le juro que comeré uvas aunque muera aplastado contra la Tierra por su peso.
- No, las uvas son buenas. Ellas nunca le harían eso. No permita que se filtren pensamientos negativos ¿Quiere flotar disparado hacia la Luna?
- Por supuesto que no.
- Entonces recuerde que, las uvas, son las enemigas naturales de la Luna. Dígalo.
- Las naranj… ¡oh, Dios! ¡de nuevo!
- ¡Inténtelo! ¡Usted es más fuerte que las naranjas!
- (con mucha dificultad) Laa…as uuvvvass… ¡oh, siento que me hierve la sangre!
- ¡Siga, siga! ¡no se rinda!
- … sssoonnnn lass ennemmmigggass… natturales… dddee la Luuunnaa.
- ¡Bravo! Ahora vayamos al mercado.
- ¡Quiero una naranja! ¡por favor! ¡quiero ir a la Luna!
- No se rinda amigo, vamos al mercado por uvas.
- ¡Agh! ¡qué asco! Pero tiene razón, vamos por uvas antes de que sea demasiado tarde.
Luis María Pescetti
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